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Miercoles, 23 agosto 2023

Será una travesía de cuatro días con escalas en las ciudades de Colonia, Montevideo y Piriápolis. Buscan interesar a las navieras que hacen los viajes desde Tierra del Fuego a la Antártida

El crucero alemán que arribó a Rosario en enero de 2012 con más de 300 pasajeros.

Las autoridades del Ente Administrador Puerto Rosario (Enapro) presentaron en el último encuentro de cruceros y turismo fluvial, celebrado en Uruguay hace pocos días, un proyecto para recuperar el transporte de pasajeros en el río Paraná. En esta línea, la propuesta más avanzada es la creación de un crucero turístico, de cuatro días, uniendo los puertos de Rosario con los de Colonia, Montevideo y Piriápolis, con una temática relacionada al fútbol. Para prestar el servicio, se busca interesar a las navieras que durante el verano realizan travesías a la Antártida.

El IX Encuentro Regional de Cruceros y Turismo Náutico Fluvial reunió a funcionarios, empresarios y profesionales del sector este jueves y viernes en Montevideo (Uruguay). El evento se considera una plataforma de importancia para discutir tendencias y oportunidades en una industria en constante crecimiento.

En ese contexto, volvió a cobrar protagonismo la propuesta de crear un servicio de cruceros que conecte a Rosario con las costas de Colonia, Montevideo y Piriápolis. La iniciativa forma parte del plan estratégico del Puerto de Rosario, que fija una serie de metas de cara al 2050, y tiene el visto bueno de los puertos de las tres localidades uruguayas, con quienes se firmó un acuerdo de colaboración.

El gestor de desarrollo turístico de la Nueva Terminal Fluvial (NTF), Ricardo Terán, destacó que los puertos y organismos estatales coinciden con el sector privado en la factibilidad del proyecto.

“El Enapro, con la colaboración de Prefectura Naval y la Armada Argentina, realizó estudios que constataron que las vías navegables están aptas para viajes seguros para transporte de pasajeros”, reveló Terán y añadió que todos los puertos cuentan con la infraestructura básica para recibir los buques y brindar un servicio adecuado a los pasajeros.

En 2012, un crucero alemán llegó a Rosario y sus pasajeros hicieron un city tour.

En 2012, un crucero alemán llegó a Rosario y sus pasajeros hicieron un city tour.

La propuesta contempla unos cuatro días de viaje por el Paraná a bordo de un crucero temático que destaque la historia futbolística de la ciudad donde nació y creció el capitán de la selección argentina campeona del mundo, Lionel Messi. La Estación Fluvial de Rosario podría ser el punto de partida o de llegada.

Según destacó Terán, durante mucho tiempo la Estación Fluvial fue un espacio dedicado al esparcimiento, con la explotación de salones de fiestas y locales gastronómicos. El desafío es ahora potenciarla como puerto de pasajeros, para lo que se implementaron iniciativas como el traslado de pasajeros a la isla, excursiones al delta del Paraná o el programa «El río Educa», destinado a escuelas de la provincia.

Barcos, se buscan

El gestor de desarrollo turístico de La Fluvial subrayó que «el río Paraná es apto para generar esas nuevas rutas» y que la ciudad «está en el mapa de los cruceros fluviales que se proyectan en la región». Además, indicó que la iniciativa fue bien recibida por las autoridades uruguayas, tanto a nivel nacional como en los departamentos de Maldonado, Colonia y Montevideo. “Uruguay quiere concretar este plan, están dispuestos a facilitar la realización del proyecto”, dijo.

Es más, desde el Enapro ya se comenzó a tentar a navieras para que cubran el nuevo servicio. Las que manifestaron su interés fueron las empresas que realizan el trayecto entre Tierra del Fuego y la Antártida, ya que los buques están operativos de octubre a marzo y muchos quedan amarrados en puertos argentinos y uruguayos a la espera de una nueva temporada.

Uno de estos cruceros es el MC Expedition, que permanece amarrado en Fray Bentos, pero también se inició diálogo con las empresas que gestionan otros barcos de exploración como el Minerva o el Ushuaia. Las tres son embarcaciones con servicios de cuatro o cinco estrellas, camarotes dobles y capacidad para unas cien personas.

El problema, reconoció Terán, son los costos: las tarifas son en dólares y resultan difíciles de afrontar para los turistas argentinos, sobre todo en los tiempos que corren. De todos modos, apuntó, esto es un proyecto a largo plazo relacionado con la posibilidad de recuperar el turismo fluvial de pasajeros, una actividad que permite buenos negocios no sólo para las terminales portuarias sino para las ciudades donde los cruceros amarran.

Un servicio con historia

Si bien la idea de explotar el turismo de cruceros en la ciudad tiene su historia, poco se logró avanzar hasta el presente. Según indican empresarios vinculados al turismo, Rosario tiene una posición privilegiada por el calado que el río presenta en su costanera central y la posibilidad de implementar un recorrido pensado exclusivamente para ese segmento.

La experiencia más reciente cumplió ya once años. En enero de 2012, a los muelles del puerto local arribó un crucero con 312 pasajeros a bordo que pasaron un día en la ciudad. La mayoría eran alemanes, los esperaba un city tour por el Monumento, un campo para jugar golf y un viaje hasta la ciudad de Victoria para pasar el día en una estancia. Pero fue el primer y único crucero que llegó a la ciudad.

Antes de la década del 80, el traslado de pasajeros por el Paraná entre Rosario y Paraguay era mucho más frecuente. Entre 1964 y 1978 los buques Ciudad de Formosa y Ciudad de Paraná tenían servicios regulares hasta Asunción. La travesía comenzaba en el puerto de Buenos Aires y llegaban hasta la capital paraguaya. El trayecto de ida se hacía por la noche, mientras que el regreso se cumplía a plena luz del día.

Según publica el sitio Histarmar, especializado en historia y arqueología marítima, Argentina llegó a tener una flota de siete buques de pasajeros que dejaron de navegar después del golpe del 76. Algunos se destinaron a operaciones militares, otros se subastaron y fueron comprados por empresas extranjeras a «valores tristemente irrisorios».